Biografía

Una vida para el arte

Jose Luis Anson (1969)

Desde mediados de la década de los Noventa, Ansón bucea en el arte, navegando por las varias y miltiples corrientes expresionistas en el inmenso mar de tendencias pictóricas. En ésta, su segunda carrera, es pintor autodidacta que expuso por primera vez en 1992. Ha vivido rodeado de pintura, su padre es pintor aficionado- pero no ha estudiado las Bellas Artes formalmente ni ha estudio sistemáticamente la historia del Arte. Los grandes pintores beben de su pasado – recordamos que Picasso, tanto en su juventud como en su vejez atacó frontalmente a los grandes astros, El Greco, Rembrandt y Velázquez – y José Luis Anson no es diferente. Sin remontar el pasado, recoge la herencia artistica de sus antepasados inmediatos principalmente del también aragonés Antonio Saura, absorbiendo el lenguaje plástico del informalismo a la vez que profesa una gran admiración por Antón Patiño y Anselm Kiefer, Ansón está ansioso por experimentar todo tipo de influencias expresionistas. Su carácter efervescente, su vitalidad, su energía y su inagotable curiosidad, casi infantil, no le permiten una aproximación metódica, pausada y controlada del arte. No tiene la mentalidad fría y calculadora del constructivista. Su estructura mental es abierta, pura, aunque se nota una subcorriente de tensión. El expresionismo en todas sus vertientes es su punto de salida.

El camino recorrido nos demuestra la inclinación inicial de Ansón a pintar absolutamente todo con exuberancia -Lienzos, cajas, paredes, piedras, bidones por el puro placer de pintar. Rellena toda la superficie disponible con pintura. La casa austera que sirve de estudio a Ansón en Las Eras de Tosos lo ilustra bien: la severidad y desnudez de la arquitectura de la casa, rodeada del duro paisaje aragonés contrastan con la riqueza de imágenes contenidas en el interior, un horror vacui de iconos esparcidos por cada rincón de la casa rural.

La pintura le sirve de catarsis: la combinación de la mente y la mano ayuda a exorcizar, enterrar y borrar, liberando así la mente para una nueva vida. Hacer física la pintura. Traducir realmente, en el lienzo, la imaginación. La fisicidad de la pintura, el lienzo como una gran arena donde actuar Jackson Pollock), la tela desgarrada (Millares) y el gran gesto (Antonio Saura y el grupo Cobra) forman parte del mito del expresionismo gestual y/o abstracto en contraposición al expresionismo lírico y poético asociado más con Francia. El expresionismo gestual y espontáneo son elementos que atraen a Anson. La abstracción expresionista, de raiz surrealista, aflora después de los horrores de la segunda guerra mundial y de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, cuestionando el lugar de la humanidad en el mundo.

En esta sociedad a veces castrada, que silencia su desafortunado bienestar con esas grandes luces de neón que dicen “todo va bien, aquí no pasa nada”, Ansón, inquieto, busca salida en el arte como un buceador en una cueva sin retorno. Subyacente a toda su obra, es la perpetua noche oscura del fondo del mar. Transmite una sensación de energía condensada acompañada por la ansiedad y las prisas.

Un libro cotizado en la biblioteca de Ansón es “Las tentaciones de Antonio Saura“, de Julián Ríos, que recoge sus conversaciones con Saura, resaltando la naturaleza autobiográfica y autocrítica de la obra del aragonés. La obra de Ansón es autobiográfica en el sentido de que recurre a la experiencia propia para su iconografía, en este caso, la submarina, creando animales imaginarios (no irracionales) de gran colorido que nos recuerda al pintor del grupo Cobra, Karl Appel. Es el pintor holandés quien dijo que un pintor lucha con la materia para dar forma a lo inmaterial. Tanto Appel, Miró, Klee y ahora Ansón, gozan de la espontaneidad, vitalidad e inocencia del mundo infantil y primitivo. Ansón incluso pinta los juguetes de su sobrina. Recordamos que Saura solamente trata a la figura humana (el único animal que le conocemos es “el perro de Goya”) con su paleta generalmente sombría. Las series de retratos y autorretratos de Saura, que son arquetipos con grandes ojos han servido de gran inspiración para Ansón.

 

 

El artista admira la gran complejidad de Anselm Kiefer, su introspección germánica y la investigación de las épicas del pasado alemán. Pero lo que le atrae de inmediato, en ésta su primera etapa pictórica, son las cualidades formales de la escala, textura y la tercera dimensión incorporadas a los cuadros de Kiefer. Ansón le emula en la serie de cuadros arrugados de gran relieve y textura, engrosados con resina de poliester. Kiefer acepta la noción de que el artista moderno está fuera de la sociedad, mofando, incitando y provocandola. Ansón, sin embargo, intenta trabajar desde dentro de la sociedad de la cual se siente, a veces, parte. Conserva aún el sentido del humor y carece de la alienación y la autodestrucción de los expresionistas nórdicos y germanos. Ansón se reconoce como un superviviente y desde esa óptica, comunica su optimismo y energía junto con eso sí, la crítica de la situación humana sin caer en la crítica de una situación histórica, política o moral determinada.

Su incorporación al colectivo de artistas y poetas en el Taller de Angel Maturen en Tarazona le ha expandido sus horizontes y provocado proyectos nuevos, como son los planes para la intervención en el paisaje aragonés, la escultura de objetos encontrados o reciclados, etc. Ansón camina hacia una obra más abstracta y serena. El artista ha seguido su propio consejo: Dentro de cada uno de nosotros vive una bestia oscura. ¡Expúlsala!

Haz que no habite dentro de ti y no seas hipócrita creyendo que tú no eres así, porque lo eres, eres Bestia y Angel a la vez. Cada acto de creación es un exorcismo que te practicas a ti mismo, a tu espíritu; liturgias paganas, creación, Dios, una conversación entre tú y tu máxima expresión de la creación.

Aparecerán mundos nuevos dentro de tu alma, verás cosas que nadie ha visto, sentirás nuevas emociones, porque la creación es un camino sin retorno que nunca se acaba.